1Pon en un cuenco las harinas, el agua, pizca de sal, pizca de azúcar, estrújalo todo, mézclalo bien y amásalo un par de minutos.
2Deja que repose 15 y vuelve a amasarlo otros dos minutos.
3Masa lista a reposar otros 15 minutos.
4Derrite la mantequilla y mézclala con aceite.
5Coge la masa y divídela en doce porciones de 65 gramos cada una.
6Bolléalas y deja que reposen otros quince minutos.
7Coge un plato, ponle mantequilla derretida y vete aplastando las bolas una por una.
8Haz los discos de unos 8 centímetros, los vas poniendo en el plato y regando con la mantequilla.
9Deja que reposen otros quince minutos.
10Ahora coge uno de ellos, aplástalo y vete estirándolo.
11Ahora estíralo desde todos los extremos y vete haciéndolo más y más grande.
12Salpica unas gotas de mantequilla y dobla la masa en cuatro.
13Dale un corte en el centro y ponle dos montones de queso arriba.
14Ahora vete doblando, un cuarto sobre el otro, un cuarto sobre el otro y séllalos bien.
15Repite el proceso con las demás y al horno a 220 grados unos 18 o 20 minutos hasta que estén doraditos, crujientes, con el queso que se escapó bien gratinado.