1Pon en una olla toda la leche y caliéntala hasta que alcance una temperatura de 70 grados centígrados. Un truco para saberlo sin termómetro: si metes tu dedo meñique en la leche y aguantas hasta 5 segundos, está lista.
2En un bol, pon un poco de la leche caliente y añade el yogur natural. Mezcla bien hasta que se disuelva todo.
3Vierte la mezcla de yogur y leche en un taper y ciérralo rápidamente para que no se escape el calor.
4Envuelve el taper con un paño o toalla para mantenerlo caliente y déjalo en un lugar cerrado (como el microondas o el horno apagado) toda la noche.
5Al día siguiente, coloca un colador dentro de un bol grande, cubre el colador con un paño de algodón limpio y vierte el yogur sobre él.
6Deja reposar el yogur en el refrigerador toda la noche para que suelte el suero y quede más cremoso.